25 de septiembre de 2010

¿Hacia adónde estamos llevando a Costa Rica?

Los costarricenses de mediados del siglo pasado, todavía humildes labriegos –pocos con estudios y grados académicos superiores- pero sabios por su visión solidaria, sabían que la paz social, solo  es  posible, con un espíritu de desprendimiento
personal y de un gran patriotismo. Únicamente así, se puede pensar también en
el bienestar de los otros y en de la patria.
 
Aquella bucólica y piadosa Costa Rica de siglos pasados, se nos está deslizando de entre los dedos a juzgar por los últimos acontecimientos: huelgas, asaltos, asesinatos hasta de indefensos niños, actos de corrupción y, por otro lado, la mayoría de las acciones públicas no satisfacen al pueblo.  Estos son hechos que se repiten con tal regularidad, que ya casi nos acostumbramos a verlos, como si fueran parte del diario vivir de nuestro país.

Por otro lado, la mayoría de las organizaciones gremiales de todo tipo, guardan silencio ante esos hechos, como si lo único que los motivase a movilizarse, es cuando alguien osa proponer la eliminación o reducción de algunos privilegios de su casta gremial.
 
Finalmente, y no por eso menos grave, está la indiferencia de la mayoría de los costarricenses, del ciudadano común, que ante tales hechos, se resigna a manifestar, melancólicamente, que aquí no hay cara en la cual persignarse. Como si con eso, cumpliéramos con nosotros mismos y con la patria
Estamos casi viviendo un estado de sitio, provocado por pecados de acción pero también por los de omisión; parece ser que lo único importante hoy día, es el beneficio personal o cuando mucho el gremial,  que cada uno salve lo suyo.  Después de mí el diluvio.
Es claro que hemos perdido el norte; como país nos estamos dirigiendo hacia un descalabro nacional de consecuencias impensables, para tragedia de nuestros indefensos hijos y nietos.
Urge corregir el rumbo, si queremos dejarle a las futuras generaciones, al menos, un país igual al que recibimos de nuestros antepasados, si es que no tenemos el coraje de crear una sociedad más justa y libre con un desarrollo económico sustentable y en lo social más inclusiva, a partir de una democracia más participativa e integral.
Orlando Castro Quesada

8 de septiembre de 2010

Costa Rica, la Democracia, la Constitución y la Sala IV

En este mes de la Patria, hay que decir como mucho orgullo y sin ninguna falsa modestia que Costa Rica es la democracia por excelencia de Iberoamérica, desde sus inicios a la vida independiente, nuestros antepasados optaron por la democracia, como el mejor sistema para llevar adelante una pacífica y próspera vida social. Y no es que no tuviéramos algunos tiempos que oscurecieron nuestra democracia pues en todos los pueblos, siempre ha habido, hay y habrá algunos que por las circunstancias vigentes en sus países, se autodeclaran mesías de sus pueblos.



Algunas de esas personas, tal vez, con buenas intenciones, otras no tanto pero, definitivamente, otras solo lo han hecho, lo hacen y lo harán porque creen firmemente en que solo ellos son capaces de decirle al pueblo lo qué les conviene y qué no, yendo aún más allá, se sienten autorizados para decirle a la gente cómo deben vivir su vida en sociedad y hasta familiar y personalmente. De estos últimos, Costa Rica, hasta ahora, se ha sabido librar, gracias a un pueblo vigilante y valiente que a la hora de defender sus instituciones y su forma de vida, no le ha temblado la mano para hacerlo.


Nuestra Constitución Política de 1949, que en lo fundamental, es prácticamente la misma de 1871, sin la menor discusión ha sentado las bases para lograr el desarrollo económico, social y político vigente pero como lo afirmaba el pensador griego Heráclito “Solo el cambio perdura”.


Costa Rica como el resto del Mundo, estamos experimentando no una época de muchos y profundos cambios pues en realidad, lo que estamos viviendo es el surgimiento de una nueva época, con profundas e impensables transformaciones. Por lo tanto, nadie puede pensar que un instrumento tan importante como es la constitución, guía de la vida institucional de la nación para lograr un adecuado desarrollo económico, social y político de un país, pueda permanecer inmutable en el tiempo. O creer que propiciar reformas parciales al texto original, es la opción, cuando con esto lo único que se logra, es un instrumento jurídico, muchas veces, incoherente y hasta con contradicciones en sus premisas, rompiendo así su unidad y armonía sistémica.


Ante la situación anterior, se desempeña la Sala Constitucional, también conocida como Sala IV, la cual es muy necesaria para el debido respeto a la Constitución, principalmente, de los políticos; en este país, no pocas, se gobernó a contrapelo de ella pero también la Sala IV, siento que está desenfocándose pues en varias ocasiones, hemos visto varios fallos, que favorecen al individuo pero dañan a la colectividad.


El más reciente es la prohibición a los cuerpos policiales de realizar retenes en las carreteras para revisar los vehículos y determinar que no llevan armas y explosivos, sin la debida autorización legal. Aducen que estos operativos si se pueden hacer pero eso sí, solo cuando se den evidencias concretas de que se ha cometido un ilícito, o sea es una visón represiva y no preventiva.


¿A caso la señora magistrada y los señores magistrados integrantes de la Sala IV, no están conscientes de la violencia y criminalidad que hoy campea en nuestras calles, barrios y hasta hogares? ¿A caso no se han dado cuenta de que hay miles de personas que andan armadas, sin el debido permiso para hacerlo, infringiendo así la ley? ¿A caso no hay un estado de guerra no declarada entre las personas decentes, trabajadoras y que quieren vivir en paz y la violencia común, el narcotráfico y hasta el terrorismo? ¿A caso la Constitución no consagra el derecho a la vida y a la propiedad?

ORLANDO CASTRO QUESADA

4 de septiembre de 2010

La humanidad se debate entre el dogmatismo, la ideología y la epistemología

Antes de ir más allá en este comentario, es necesario decir que dogmatismo es la presunción del quien considera sus opiniones ciertas, fuera de toda duda y discusión. Ideología es un conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, una colectividad, una doctrina o una época. Mientras que, la epistemología es la parte de la filosofía que trata de los fundamentos y los métodos del conocimiento científico; nada es cierto y todo debe ser probado en sus extremos.



Basta con hacer un breve análisis a la historia de la humanidad, para descubrir que las guerras, genocidios y demás atrocidades, han sido cometidas por un evidente dogmatismo y en nombre de alguna ideología, ambas producto de una manera de pensar total y absolutamente intolerante, que, simplemente, busca eliminar a quien no profesa las mismas ideas o peor aún, tiene una ideología diferente a la dominante.

Habrá quien, tal vez, de manera inconsciente, para calmar su conciencia, piense que lo anterior, en realidad, no le incumbe personalmente pues afecta a los pueblos, a las naciones pero esto no es así pues cuando recordamos la definición de ideología, que dice que es un conjunto de ideas que caracterizan el pensamiento de una persona, debemos estar más que claros en que también es un asunto personal, muy personal.

Cada vez, que comenzamos una simple discusión sobre un determinado tema, el cual puede ser muy importante o por el contario muy trivial, de una u otra forma, los argumentos que esgrimimos, la mayoría de las veces, no son otra cosa que el reflejo de nuestro subjetivo pensamiento, nuestra ideología, la cual por ser nuestra la asentamos y defendemos como si fuera la verdad absoluta y con ella se jugara la vida.

Esa manera de pensar y actuar, generalmente, proviene la mayoría de los conflictos entre la gente. También alimenta los prejuicios e intolerancia hacia quienes son diferentes, los que no pertenecen a nuestro mismo grupo, sea este país, raza, religión, partido político y hasta equipo de futbol, solo para citar algunos típicos ejemplos.
 El debate de los asuntos de interés nacional, también reflejan ese mal del dogmatismo y de las ideologías, vimos como un tema tan técnico, cansador y aún más aburrido como fue el TLC, llegó a tal extremos, que algunos dijeron, con algún grado de razón, de que la sociedad costarricense se había fraccionado en dos bloques, a causa de ese tema. Mucha gente, en realidad, ni siquiera tuvo una ligera idea de lo que se trataba.
 Debemos recordar que mayoritariamente el debate fue mucho más ideológico que epistemológico, donde unos y otros, prácticamente, evadían el intercambio inteligente y fundamentado de sus argumentos, para buscar la forma de desacreditar al interlocutor y así desvirtuar sus argumentos. En esa ocasión se dijeron muchas mentiras y verdades a medias, por parte de ambas bandos, sobre los supuestos alcances, beneficios y perjuicios que el TLC podría acarrear. El análisis inteligente y objetivo dejó de ser importante, es más, personalmente, creo que nunca lo fue para la mayoría de sus detractores y favorecedores.

Cuando las personas seamos menos ideológicas y mucho más epistemológicas, estaremos sentando las bases para lograr una verdadera convivencia pacífica, donde las diferencias serían asumidas, por unos y otros, simplemente, como distintas formas de pensar y ver las cosas pero hasta ahí, sin agresión alguna por solo disentir.

ORLANDO CASTRO QUESADA