Los tiempos que nos ha tocado vivir a las generaciones que nacimos después del la Primera Guerra Mundial, hemos visto transformaciones en el campo de las tecnologías, simplemente, han sido vertiginosas en todos las áreas del quehacer humano.
En ese enfoque determinado el término está asociado siempre con tensión, estrés, ansiedad, situaciones traumáticas que nos afectan durante el curso de nuestra vida. Sin embargo, los expertos señalan que si bien es algo consustancial a la naturaleza humana, no necesariamente siempre se activa, o aún cuando esté activada, genere una solución positiva.
Tal vez el desarrollo tecnológico de las Info-Comunicaciones, sea por sus efectos exponenciales, uno de los grandes responsables de la globalización pues convirtió el Mundo en una aldea-global.
El flujo de informaciones es constante y variado, lo que ayer teníamos como una verdad, hoy descubrimos que no era tan cierto. Nunca antes como en estos tiempos, el ser humano ha tenido tanta evidencia, de que no existe una verdad absoluta, sino solo verdades relativas, las cuales apenas estamos asimilando, cuando surge algo diferente que la invalida.
La Mujer y el Hombre de mitades del siglo pasado y lo que llevamos del presente, están sometidos a grandes presiones de carácter psicológico y emocional. El ser humano para sentirse en paz debe mantener su equilibrio, por lo tanto, está en constante búsqueda de asimilar esos profundos y dramáticos cambios que, prácticamente diariamente sufre y con ellos su equilibrio psicológico y emcional.. Sin embargo, ¿Cómo lograrlo, cuando se vive un tiempo donde el cambio profundo y vertiginoso, es la constante?
Lo anterior crea un gran desconcierto en la psiquis de las personas, no es de extrañar la falta de tolerancia y las grandes explosiones de humor que a diario experimentan, muchas personas, aún aquellas que se supondrían que por educación y nivel socio-económico, tendrían un importante grado, de eso que, llaman dominio propio ante situaciones adversas.
Sin embargo, lo cierto, es que nada tiene que ver esa capacidad de dominar racionalmente las emociones con el nivel educacional y socio-económico de las personas.
Ya Aristóteles tenía muy clara es falta de capacidad de dominio que padece la inmensa mayoría de los seres humanos, cuando afirmó: “Ponerse furioso es muy fácil pero ponerse furioso con la persona correcta, por el motivo correcto, en la intensidad correcta y en el momento correcto, es muy difícil”.
Los estudios han demostrado que las reacciones violentas ante situaciones que el cerebro interpreta como amenazas y peligros, la intervención del cerebro pensante, es prácticamente inexistente y entra a comandar las acciones el cerebro primitivo, esa estructura cerebral inicial, que tuvo la especie humana, que le aseguraba la supervivencia en un entorno abiertamente hostil.
Resulta ser que aún a inicios del siglo XXI, es estructura sigue teniendo una influencia muy importante en la conducta de muchas personas. Por eso hemos sido testigos de asesinatos producto de triviales discusiones, por lo mismo vemos la falta de tolerancia y respeto a las opiniones disímiles. En resumen, por eso se da tanto violencia, en la inmensa mayoría gratuita, entre las personas.
Ante la realidad biológica anterior ¿Existe alguna alternativa sino para erradicarla, por lo menos, para contar con elementos que permitan reducir de manera importante este tipo de reacciones en las personas?
Afortunadamente, si existe y su respuesta, precisamente, está en la capacidad de razonar que tiene la especie humana. Existen dos medios por los cuales las personas pueden llegar a lograr un consciente y fuerte dominio propio, que les permita actuar racional y proporcionalmente ante cualquier situación que tenga que enfrentar, me refiero a la Inteligencia y Emocional y a la Resiliencia, a partir de ambas, todo ser humano puede aprender a superar su tendencia, casi que genética, al No o sea ser reactivo para ser más bien proactivo ante cualquier situación por peligrosa que le luzca.
INTELIGENCIA EMOCIONAL
Es la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás. Inteligencia emocional no es ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas.
Otra definición es "la habilidad para comprender y dirigir a los hombres y mujeres, muchachos y muchachas, y actuar sabiamente en las relaciones humanas".
LA RESILIENCIA
Corresponde a la capacidad humana de hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y salir de ellas fortalecido e, incluso, transformado.
En ese enfoque determinado el término está asociado siempre con tensión, estrés, ansiedad, situaciones traumáticas que nos afectan durante el curso de nuestra vida. Sin embargo, los expertos señalan que si bien es algo consustancial a la naturaleza humana, no necesariamente siempre se activa, o aún cuando esté activada, genere una solución positiva.
Una de las principales fuentes de tensión, está cuando las personas sienten amenazas las bases, las guías que orientan sus vidas; lo que se conoce como sistema conceptual-valorativo.
La resistencia al cambio es una típica respuesta ante lo que se percibe como una amenaza, aún cuando esta no sea real, sino solo potencial, igualmente, se reacciona, generalmente, de manera airada y buscando “destruir” la fuente generadora de la tensión, en vez, de abordar con inteligencia emocional y manera resilente la circunstancia a enfrentar o enfrentada.
En este Cambio de Época, resulta imprescindible, que la gran mayoría de las personas puedan conscientemente trabajar en desarrollar y fortalecer su inteligencia emocional y una permanente capacidad de ser resilentes.
Solo de esa manera el ser humano será capaz de asumir los cambios venideros y constantes, sin que le generen tanta ansiedad y producto de ella se sienten en constante amenaza por parte de otras personas o de manera más genérica por la misma Vida.
Solo teniendo consciencia de las anteriores realidades las personas podrán sentar las bases para construir relaciones interpersonales sanas, respetuosas y tolerantes, a pesar de las naturales y lógicas diferencias propias a las existencia y realidad genéticas propias a toda persona humana.