30 de julio de 2011

MUCHAS GRACIAS DON MARIO POR SU INOLVIDABLE GRAN EJEMPLO

Tuve el gran honor de conocer a don Mario Echandi Jiménez, desde muy niño pues era amigo de mi padre y mi tío Edgar, con quienes forjó una amistad entrañable, la que duró toda la vida de ellos y así nos alcanzó aún a los hijos de ambos.


Como hombre fue un gran ser humano y sin duda, un mucho mejor costarricense. Nacido en una familia acomodada, a principios del siglo pasado, siempre fue de proceder inteligente, amable, elegante, de trato respetuoso y agradecido con todo aquel con quien se relacionara.

También tuve el honor de acompañarlo en su última postulación presidencial, en 1982, de la cual salió victorioso don Luis Alberto Monge Álvarez, otro gran costarricense, quien en los últimos años de la vida de don Mario, supo ganarse su aprecio y amistad.

Por cierto, para quienes lo ignoran don Mario y don Pepe, a pesar de que las luchas políticas los había distanciado por años, a punto tal, que no faltaba quien pensara que eran enemigos irreconciliables pues estaban y están muy equivocados quienes así piensen. Digo esto porque fue el mismo don Mario, quien me compartió como estando él en el Aeropuerto de México, cuando regresaba después de haberle asegurado, a quienes le habían prestado dinero, para su última campaña política, que estuvieran tranquilos, porque hasta el último dólar de la deuda, les iba a ser cancelado; así era don Mario de esa altura y extraordinaria condición humana y de señor.

Pero volviendo a mi relato, me contó que él se encontraba sentado leyendo un periódico, esperando la hora de abordar, cuando sintió que alguien estaba de pie frente a él, por lo que bajó el periódico y era don Pepe, quien volvIéndose hacia el grupo de personas, que, regularmente, le acompañaban en sus viajes, les dijo "muchachos, busquen vida, que don Mario y yo tenemos algo muy importante de que hablar en privado".

Aunque conozco el contenido de esa conversación entre ellos pues don Mario, generosamente me la compartió, no entro a detallarla pero si les cuento con lo que don Mario me terminó su anécdota. "Viera Orlando cómo le agradecí a don Pepe que se me acercara y propiciara esa hermosa conversación, después de la cual ambos retomamos la amistad que había sido interrumpida, por nuestras luchas políticas, por muchos, demasiados años pero ciertamente no disuelta ".



La última vez que lo visité y conversé con él, fue a propósito del muy justo reconocimiento que le hizo la Asamblea Legislativa, cuando lo declaró Benemérito de la Patria, reconocimiento que por cierto molestó a algunos, de los cuales quiero pensar que fueron movidos por su ignorancia sobre quién realmente fue este gran patriota pues en el momento histórico que le toca asumir la Presidencia de la República, la familia costarricense estaba fragmentada en dos grupos, los figueristas y los antifigueristas y don Mario fue el puente que inició el acercamiento de nuestro pueblo, según me contó en su Consejo de Gobierno se sentaron gentes de ambos grupos.



Solo ese hecho de sentar las bases para la reunificación de la familia costarricense, lo hizo merecedor de tal distinción, aunque quienes tuvimos la bendición de conocerlo, sabemos que existen muchas otras situaciones de amor a la Patria, que con creces también lo hacían merecedor de ese reconocimiento pero ahora ya eso no interesa, él se encuentra en un lugar, donde esos honores mundanos, ya no cuentan e importan.



Don Mario, muchas gracias por su amor a esta amada Patria, por cierto tristemente, tan escaso, en estos días en muchos, que se autodenominan políticos. Muchas gracias por su gran ejemplo sobre cómo se debe servir al pueblo y por su amistad para quien siempre lo recordará con gran aprecio y mayor admiración.



Hasta siempre.                                                            
                                         ORLANDO CASTRO QUESADA