26 de agosto de 2010

Démonos el beneficio de la duda y busquemos la forma de converger

Las grandes transformaciones que está experimentando la Humanidad, en lo económico, social y, por supuesto, también en lo político, han creando gran desconcierto y hasta caos entre los distintos grupos humanos. Apenas medio asimilamos un cambio, cuando nos cae otro, no menos desconcertante que el anterior.


Este avalancha de nuevas realidades, sin duda alguna, despiertan grandes temores y angustias en muchas mujeres y hombres, quienes tienen diferentes respuestas de adaptación que van, desde la natural resistencia al cambio, hasta acciones basadas en desfasadas experiencias para enfrentar infructuosamente estos nuevos retos.

La Sociedad Industrial dio origen a identidades y organizaciones sociales con características íntimamente ligadas a ese modelo de generación de riqueza. Conceptos tales como, obreros, patrones, sindicatos, grupos patronales y partidos políticos, como los entendemos hoy día, se acuñaron en el Industrialismo.

Esos grupos por definición, nacieron enfrentados, supuestamente por tener intereses disímiles e irreconciliables, donde los beneficios que obtuviera un grupo, necesariamente, eran interpretados como una pérdida para su supuesta contraparte.

Esa equivocada visión de las relaciones intergrupales, le cercenó a la Humanidad, la posibilidad de generar un diálogo virtuoso e inteligente bajo un enfoque sistémico y así generar un mayor bienestar. Es vital que comprendamos y tengamos claro que el crecimiento económico y el bienestar social, serán efectivamente, sustentables, solo con el aporte decidido de las y los integrantes de una nación, sin importar las responsabilidades que cada quien tenga, ya sea dentro del sector público o privado.

En Costa Rica, Alberto Martén, hace más de 5 décadas, comprendió esa sinrazón y se dio a la quijotesca tarea de forjar un movimiento social que le diera un nuevo sentido a las relaciones obrero-patronales. Propuso el Solidarismo como alternativa para que trabajadores y capitalistas forjaran empresas exitosas, donde todas y todos sus integrantes, obtuvieran beneficios reales de la riqueza económica lograda en conjunto.

Penosamente, algunos grupos intransigentes, como es la costumbre en ellos, iniciaron una serie de ataques a la iniciativa de don Alberto, acusándolo de crear un sindicato de cuello blanco e insinuando que era un movimiento con fines casi diabólicos.

En los últimos tiempos, la sociedad costarricense se ha polarizado y ahora aún más, entre lo que unos denominan neoliberales y quienes se oponen a ellos. Estos grupos han convertido los grandes e impostergables debates nacionales, casi en monólogos, donde unos y otros, solo buscan descalificarse mutuamente. Casi nunca se han logrado propuestas válidas para generar una visión inteligente de país que genere una sociedad con crecimiento sostenible, con una justa y real distribución de la riqueza.

Sin embargo, hoy día, el Movimiento Solidarista es una bellísima y ejemplar realidad socioeconómica de Costa Rica, siendo el grupo social más grande por número de integrantes y con un patrimonio verdaderamente impresionante. Empero es un gigante dormido, que no ha asumido el liderazgo social, que sin duda tiene muy bien ganado.


La mayoría de los grupos sociales se han convertido en fines en sí mismos, olvidándose que simplemente son medios, para forjar una sociedad más democrática, justa, inclusiva y libre. Podemos poner un alto a ese diálogo de sordos, si nos damos el beneficio de la duda y buscamos la forma de converger en vez de confrontarnos.


Orlando Castro Quesada

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