16 de octubre de 2011

“Yo soy una vida que quiere vivir en medio de otras vidas que igualmente desean vivir"

“Practico sin vacilación, en medio de las grandes convulsiones del mundo, la filosofía de la fraternidad, un principio ético universal, base del progreso y capaz de armonizar las acciones con el pensamiento del hombre civilizado”

Albert Schweitzer                                       
Premio Novel de la Paz, 1952
                                    

14 de octubre de 2011

Reflexión sobre los "adversarios" en la nueva política y cómo relacionarse con los que la impugnan. XXIII

Reflexión sobre los "adversarios" en la nueva política y cómo relacionarse con los que la impugnan.

Otra pregunta que surge al pensar en un nuevo paradigma de política se refiere a los adversarios. ¿Existen adversarios en la nueva estructura de la acción transformadora? ¿Quiénes serían, o cómo pueden identificarse los adversarios? ¿Qué tipo de relaciones establecer con los adversarios?

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En la política propia de la civilización moderna, para cada partido y movimiento político los adversarios han estado claramente delimitados. Los adversarios son establecidos como tales adversarios, a menudo incluso como enemigos, por cada sujeto político, por cada partido. Los adversarios son los otros, los distintos, los que piensan de otro modo, los grupos sociales a los que no pertenecemos. Así, en la civilización moderna, la política es lucha y confrontación entre adversarios, y la identificación de los adversarios es una cuestión fundamental y decisiva para cada partido político. Sin adversario pareciera que no hay política, que no existiera una 'causa' por la cual luchar. De hecho, la política moderna tiene muchas características bélicas, lo que se evidencia en que muchos de sus conceptos han sido tomados del lenguaje militar y guerrero. Palabras como militancia, conquista, estrategia y táctica, trinchera, ganar o perder posiciones, estrategia de movimientos y estrategia de posiciones, maniobras y alianzas, avances y retrocesos, correlación de fuerzas, son todas palabras que provienen del lenguaje militar, y que se emplean abundantemente en la política de los partidos.

Cuando se trata de crear una nueva civilización, podemos pensar en algo así como los adversarios, pero la palabra 'adversario' adquiere un sentido completamente diferente al que tiene en la política moderna. En una forma superior de la política los adversarios serían aquellos elementos, características o aspectos de la realidad, que no quisiéramos que sigan presentes en la nueva civilización. Por ejemplo, adversarios serían el hambre, la injusticia, la delincuencia, la pobreza, el individualismo competitivo. Adversarios serían los problemas de la sociedad que queremos superar, transformar, conducir a niveles superiores. La nueva política tiene una dimensión crítica y antagonista respecto a aquellos aspectos de la realidad que no queremos que sigan presentes en la nueva civilización. Pero no pensaremos a las personas, comunidades, organizaciones o grupos distintos al propio, como adversarios que vencer o doblegar.

La relación que en la nueva política correspondería establecer con las personas y grupos que antagonicen con el proyecto de la nueva civilización y con la nueva política, debiera ser ante todo, de conocimiento de sus motivos, y en base a ello, de valoración de sus potencialidades. Es posible, más aún, en realidad es seguro, que esas personas y grupos que nos adversan, expresen ciertas exigencias, ideas y valores que podríamos incorporar, aunque sea en un plano subordinado, en el propio proyecto. Sobre esta base, será posible establecer con esos supuestos 'adversarios', una relación orientada a generar en ellos determinados procesos de desarrollo, de transformación y de perfeccionamiento; procesos que por sí mismos realicen, si bien favorecidos por nuestra comunicación con ellos, y que los lleven a integrarse a la nueva civilización.

Relacionado con esto, recojo un concepto de Antonio Gramsci que me parece muy lúcido. Dice Gramsci que "Encontrar la real identidad bajo la aparente diferenciación y contradicción, y encontrar la sustancial diversidad bajo la aparente identidad, es la más delicada, incomprendida y sin embargo esencial cualidad del crítico de las ideas y del historiador del desarrollo histórico." Pienso que esta cualidad intelectual es aplicable también a la nueva política.

Si hemos definido la nueva política como actividad organizadora del orden social y dinamizadora de las transformaciones, hay que actuar sobre el conjunto de los sujetos que forman la sociedad actualmente existente, para desarrollarlos, dinamizarlos, e integrarlos a todos en la nueva civilización. En una civilización superior como la que estamos concimiebdo no puede haber ni excluidos ni sometidos.

Es por ello que Gramsci plantea que el 'centro de elaboración unitaria' de la nueva cultura, debería llevar un seguimiento de todos los movimientos y centros intelectuales que existen y se forman. De todos, excluyendo apenas a aquellos que tienen un carácter arbitrario y loco; si bien incluso éstos, con el tono que se merecen, deben ser al menos registrados. Agregaba que es preciso ‘dibujar’ una especie de mapa intelectual y moral, o sea identificar a los grandes movimientos de ideas y los grandes centros, llevando cuenta de los impulsos innovadores que se verifican en ellos. Agregaba que no hay que esperar que hayan adquirido toda su fuerza y consistencia para ocuparse de ellos, y tampoco es necesario que estén provistos de las dotes de coherencia y de riqueza intelectual, pues no siempre son los movimientos más coherentes y los intelectualmente más ricos, los que triunfan.

La razón de este 'seguimiento' no es simplemente para tener un conocimiento de la realidad cultural, sino principalmente para organizar la propia actividad de difusión y de universalización del proyecto de la nueva civilización, actuando sobre esos movimientos culturales existentes, criticándolos en lo que requieren superar, y llevándolos a su mejor desarrollo en lo que pueden aportar, buscando siempre su integración en la nueva civilización. En todos los casos, se trata de ampliar el campo de la conciencia posible, entrando en comunicación y diálogo, con lo cual el propio proyecto se enriquece y amplía, hasta acceder progresivamente a la necesaria universalidad.

En ocasiones, la crítica ha de ser dura, incluso despiadada cuando sea necesario para superar la mentira y el engaño, la dominación y la explotación; pero habrá que dejar siempre espacio a la acogida, a la integración, al reconocimiento de aquello de valor que pueda estar representado por quienes nos contradicen y adversan.

Seguiremos reflexionando sobre la 'nueva política' en la próxima presentación.

Luis Razeto Migliaro.

12 de octubre de 2011

Cuánta falta nos hace el respeto

29/08/2011 por Leonardo Boff

La cultura moderna, desde sus albores en el siglo XVI, está asentada sobre una brutal falta de respeto. Primero hacia la naturaleza, tratada como un torturador trata a su víctima con el propósito de arrancarle todos sus secretos (Bacon).

Después, con las poblaciones originarias de América Latina. En su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias (1562) cuenta Bartolomé de las Casas, como testigo ocular, que los españoles «en sólo 48 años ocuparon una extensión mayor que el ancho y largo de toda Europa y una parte de Asia, robando y usurpando todo con crueldad, injusticia y tiranía, habiendo sido muertas y destruidas veinte millones de almas de un país que habíamos visto lleno de gente y de gente tan humana» (Décima Réplica). Luego esclavizó a millones de africanos, traídos para las Américas, negociados como «piezas» en el mercado y consumidos como carbón en la producción.

Sería larga la letanía de la falta de respeto de nuestra cultura, culminando en los campos de exterminio nazi con la aniquilación de millones de judíos, gitanos y otras personas consideradas inferiores.


Sabemos que una sociedad sólo se construye y da un salto hacia relaciones mínimamente humanas cuando establece el respeto de unos hacia otros. El respeto, como bien lo mostró Winnicott, nace en el seno de la familia, especialmente de la figura del padre, responsible del paso del mundo del yo hacia el mundo de los otros, que surgen como el primer límite a ser respetado. Uno de los criterios de una cultura es el grado de respeto y de autolimitación que sus miembros se imponen y observan. Surge entonces la justa medida, sinónimo de justicia. Si se rompen los límites, aparece el irrespeto y la imposición sobre los demás. Respeto supone reconocer al otro como otro y su valor intrínseco, bien sea persona o cualquier otro ser.

Entre las muchas crisis actuales, la falta generalizada de respeto es seguramente una de las más graves. La falta de respeto campea en todas las instancias de la vida individual, familiar, social e internacional. Por esta razón, el pensador búlgaro-francés Tzvetan Todorov en su reciente libro El miedo a los bárbaros (Galaxia Gutenberg 2008) advierte que si no superamos el miedo y el resentimiento y no asumimos la responsabilidad colectiva y el respeto universal no tendremos cómo proteger nuestro frágil planeta y la vida en la Tierra ya amenazada.


El tema del respeto nos remite a Albert Schweitzer (1875-1965), premio Nobel de la Paz en 1952. Natural de Alsacia, era uno de los más eminentes teólogos de su tiempo. Su libro Historia de las investigaciones sobre la vida de Jesús es un clásico, por mostrar que no se puede escribir científicamente una biografía de Jesús. Los evangelios contienen historia pero no son libros históricos. Son teologías que usan hechos históricos y narrativas con el objetivo de mostrar lo que Jesús significa para la salvación del mundo. Por eso, sabemos poco del Jesús de Nazaret real.

Schweitzer comprendió que el Sermón de la Montaña es histórico y es importante vivirlo. Abandonó la cátedra de teología, dejó de dar conciertos de Bach (era uno de sus mejores intérpretes) y se matriculó en la facultad de medicina. Terminada la carrera, fue a Lambarene en Gabón, en África, para fundar un hospital y servir a enfermos del mal de Hansen. Y allí trabajó, dentro de las mayores limitaciones, todo el resto de su vida.


Confesaba explícitamente: «lo que necesitamos no es enviar allí misioneros que quieran convertir a los africanos, sino personas dispuestas a hacer por los pobres lo que debe ser hecho, si es que el Sermón de la Montaña y las palabras de Jesús tienen un sentido. Lo que realmente importa es volverse un simple ser humano que, en el espíritu de Jesús, have alguna cosa por pequeña que sea».


En medio de sus quehaceres de médico encontró tiempo para escribir. Su principal libro es Respeto ante la vida que él coloca como eje articulador de toda ética. «El bien», dice él, «consiste en respetar, conservar y elevar la vida hasta su máximo valor; el mal, en no respetar, destruir e impedir que la vida se desarrolle». Y concluye: «cuando el ser humano aprenda a respetar hasta al menor ser de la creación, sea animal o vegetal, nadie necesitará enseñarle a amar a su semejante; la gran tragedia de la vida es que muere dentro de un hombre mientras vive».


Qué urgente es oír y vivir este mensaje en los días sombríos que la humanidad está atravesando.

4 de octubre de 2011

¿Cómo iniciar la creación de una nueva civilización? XXII

La propuesta del Movimiento de Convegrencia Nacional, MCN, se encuentra casi que literalmente reflejada en esta presentación del señor Luis Razeto. No estamos pues descubriendo el agua tibia, sino que estamos leyendo de manera adecuada los signos de los tiempos.
www.youtube.com
Sobre cómo en la nueva política se accede a la universalidad a partir de las diferentes ideas y los distintos intereses particulares.

1 de octubre de 2011

Sobre la primacía de la sociedad civil en la nueva política, que no es 'partidista' sino integradora de la diversidad.

 

De Luis Razeto · Última edición el Jueves · 
 
XXI. Sobre la primacía de la sociedad civil en la nueva política, que no es 'partidista' sino integradora de la diversidad.

Nos preguntamos ahora si hay alguna actividad, o alguna dimensión de la vida social, que podamos considerar como central de la nueva estructura de la acción transformadora, y que en consecuencia se constituya como determinante en el proceso de creación de la nueva civilización.

En la civilización moderna ha sido afirmado con fuerza, por parte de la mayoría de los intelectuales y de las organizaciones que han tenido la intención de transformar la sociedad, que el primado corresponde a la política, que sería la actividad central . Es por ello que se ha sostenido que todo cambio societal debe comenzar desde el Estado, que ha de ser primeramente 'conquistado' por los sujetos políticos portadores del proyecto transformador.

De acuerdo a lo que hemos expuesto anteriormente, en la nueva civilización la primacía o centralidad no debiera radicar en la política, sino en la cultura y en el conocimiento, que por su capacidad de fijar objetivos al desarrollo histórico y de dar sentido a la vida humana, tendrán la capacidad de orientar y dirigir – no autoritaria ni burocráticamente - tanto los procesos sociales como los procesos económicos y políticos. La economía y la política se orientarían conforme a los objetivos del desarrollo humano establecidos en el ámbito de la cultura y del saber compartido.

Esto hace de la sociedad civil el lugar preferente para la acción integradora y transformadora, o sea para la nueva política, a diferencia de lo que ocurre en la civilización moderna, en que la política se desenvuelve preferentemente al nivel de la sociedad política y del Estado.

Esta afirmación, sin embargo, debe considerarse como una afirmación provisoria e imprecisa, pues la distinción entre sociedad civil y sociedad política responde a una separación entre dos esferas - la del poder público por un lado, y la de las actividades privadas, asociativas y no-gubernamentales por el otro; la de los dirigentes en lo alto y la de los dirigidos en la base -, una separación que corresponde y que ocurre realmente en la civilización moderna, pero que no debiera reproducirse en una civilización nueva y superior.

Pero la afirmación de la primacía de la sociedad civil tiene sentido en la actualidad, o sea mientras la sociedad civil y la sociedad política se encuentren separadas. Es por eso que, puesto que se parte de la realidad actual para transformarla, la nueva política empieza a construirse desde la sociedad civil existente, y a través de su propio desenvolvimiento y despliegue va configurando la nueva política en el seno de la sociedad civil. Así, construida la nueva política al interior de la sociedad civil, en la futura civilización una vez constituida, la distinción entre sociedad civil y sociedad política ya no será una distinción entre realidades diferentes, sino una distinción meramente gnoseológica. Dicho más concretamente, en la nueva civilización no debiera constituirse una 'clase política' distinta y separada de la sociedad civil.

No se concentra la acción transformadora en el Estado ni en el gobierno, no se acepta ya la primacía de la política, la acción transformadora se desplaza desde la sociedad política hacia la sociedad civil. La razón de tal desplazamiento es que el nuevo sistema de acción transformadora está orientado a superar la civilización de la política, de los partidos y del Estado, a superar la distinción entre dirigentes y dirigidos. Si en cambio definiéramos la acción transformadora en el marco de la sociedad política, nos quedaríamos dentro de la política propia de la civilización moderna y de su orden social en crisis.

Una obvia consecuencia de lo que estamos afirmando, es que en la nueva política no se trata de crear uno o varios nuevos partidos políticos. La entidad 'partido político' es propia de la civilización moderna: su primera figura histórica fue el partido jacobino, y su naturaleza es incompatible con la nueva civilización que deseamos crear.

Hay varias razones de esta incompatibilidad; pero la principal es el hecho que, por definición, un partido político es la organización de un grupo particular, que al agruparse se separa e intenta ponerse por encima de la comunidad con la intención de dirigirla. Provisto de una deteminada ideología o doctrina, y representando los intereses particulares de un sector de la sociedad, el partido se crea con vocación de poder, teniendo explícita o implícitamente la intención de promover esa ideología o doctrina y esos intereses sectoriales, utilizando para ello el control total o parcial del gobierno del Estado. Y como los grupos que aspiran a lo mismo son varios, cada uno aspirando a representar a una parte de la sociedad y promoviendo una ideología o doctrina particular, la sociedad tiende a dividirse políticamente, a 'partirse' precisamente. Por ésta su naturaleza propia, los partidos políticos luchan entre sí, disputándose el favor ciudadano y el poder del Estado; en consecuencia, los partidos políticos generan división y conflicto en la sociedad. Hay partidos que declaran explícitamente este modo de ser, y otros que lo pueden negar; pero así es y así actúa un partido político en la sociedad actual.

Por su propia naturaleza los partidos políticos afirman y actúan la 'centralidad de la política'. La centralidad de la 'sociedad civil' de que hablamos, comporta un modo de organizar la vida social y de realizar la transformación histórica de manera muy distinta. La centralidad de la 'sociedad civil' significa ante todo, que la nueva política se construye 'desde abajo', desde lo que actualmente se encuentra subordinado: desde lo que los partidos suelen llamar la 'base social'. Es superando esa subordinación, que las personas y sus comunidades, organizaciones y redes, despliegan sus propias actividades de ordenamiento y de transformación social. No lo hacen desde poderes concentrados que se hayan elevado por encima de la comunidad y en los cuales no participan. El orden político se configura, en tal sentido, como una comunidad de comunidades, como una organización de organizaciones, como una red de redes.

Procediendo de este modo, la 'sociedad civil' se va constituyendo progresivamente como 'sociedad política'; se va desarrollando una sociedad civil que es activa políticamente; y una sociedad política que no estará ya separada de la sociedad civil, pues es en la misma sociedad civil donde se configura y establece el orden social necesario para el desarrollo, la transformación y el perfeccionamiento de la vida humana.

La nueva política no es 'partidista' sino integradora de la diversidad, y no la expresión de las singularidades de grupos humanos diferenciados según sus convicciones ideológicas y sus intereses corporativos, o de clases o grupos sociales. Pero entonces surgen dos preguntas: ¿Qué hace la nueva política con las distintas ideas y los diferentes puntos de vista de las personas y de los grupos sociales? Y ¿que hace la nueva política con los diferentes intereses particulares, de grupos y de sectores sociales?

Abordaremos estas preguntas en la próxima presentación.

Luis Razeto M.

13 de septiembre de 2011

Como disfruto de participar en las redes sociales virtuales

En una oportunidad anterior, dije en los grupos virtuales en los que participo, que como disfrutaba de participar en estas nuevas tecnologías de comunicación pues gracias a ellas, ahora considero, que soy un poco menos ignorante, de lo que era al iniciar mi participación.

A raíz de un tema de esos muy y muy interesantes que pone en su muro la señora Mónica Segnini, como los que también pone, en no pocas ocasiones, el amigo Emilio Bruce, entre otros, se han producido una gran variedad de comunicaciones, unas de fondo y otras más de forma sobre las opiniones, de quienes participamos dando nuestros pareceres. Ante todo este intercambio de mensajes y posiciones, tenemos prácticamente solo dos opciones, asumirlas a la defensiva o proactivamente.

Quienes optan por ser reactivos o defensivos, por razones que no voy a entrar a analizar y mucho menos juzgar pero sí voy hacer unas pocas consideraciones generales sobre esta actitud, que a mí parecer bloquean que se dé una comunicación efectiva. Aquellos que optan por ser reactivos, hacen sus mejores esfuerzos por descalificar los argumentos de aquellos que sienten sus opositores porque no comparten los mismos pensamientos, creencias e ideas. Su participación generalmente está cargada adjetivos calificativos, que lejos de fortalecer epistemológicamente sus argumentaciones, tienden más bien a buscar descalificar a su interlocutor o interlocutores, con la falsa creencia de que así fortalecen sus argumentos. Nada más apartado de la realidad.

Por otro lado, están los proactivos, dentro de los quiero y me esfuerzo por estar yo, quienes parten de que no existe una verdad absoluta, sino una gran variedad de verdades relativas y absolutamente transitorias y para entenderlas tienen muy claro  que estas obedecen  a un determinado contexto, tanto histórico como cultural.

Otro elemento importante de destacar es que quienes son proactivos, fundamentalmente, buscan ser empáticos con los demás seres humanos, esto quiere decir que se esfuerzan por ponerse en los zapatos de los otros pues solo así, medio se podrá entender sus motivaciones para asumir determinadas posiciones. Esto también implica que dejemos de lado, por lo menos transitoriamente, nuestras propias creencias, para así no oponer resistencia al decir del otro, sobretodo si este además difiere de nuestras posiciones.

Es bueno y sano tener las reacciones adecuadas a los estímulos que recibimos. Si alguien o una situación logra sacarnos de nuestras casillas, tendremos que decidir qué hacer luego de que se disipe nuestro enojo y podamos pensar con más claridad. Decía Aristóteles: enojarse es fácil; lo difícil es enojarse con la persona correcta, en el momento correcto y de la forma correcta. Una vez más estamos viendo la verdadera cara del enemigo; no nos equivoquemos. El enemigo no está en uno de los dos bandos. El enemigo se esconde detrás de cualquier discurso, de cualquier máscara, de cualquier color. EL ENEMIGO SE LLAMA VIOLENCIA.Es bueno y sano tener reacciones adecuadas a los estímulos que recibimos de nuestro entorno. Esto algunos lo llaman Inteligencia Emocional. Si alguien o alguna situación logra sacarnos de las casillas, tendremos que decidir qué hacer, luego que se disipe nuestro enojo y podamos pensar con más claridad. Decía el filósofo griego Aristóteles: “Enojarse es fácil; lo difícil es enojarse con la persona correcta, por el motivo correcto, en el momento correcto y de la forma correcta”.

Debemos identificar bien al enemigo, no nos vayamos a equivocar. El enemigo no está en ninguno de los bandos que disienten; el enemigo se esconde detrás de cualquier discurso, cualquier máscara de cualquier color. El enemigo se llama VIOLENCIA. Duro con el problema suave con la gente.                                                                                        
                                                                        ORLANDO CASTRO QUESADA

1 de septiembre de 2011

¿Cómo construir un desarrollo sostenible?

Estimado Orlando, me alegra mucho su interés sobre el tema y particularmente su iniciativa de diálogo personal, aprovechando el espacio que las tecnologías de la información nos proporcionan para el intercambio y discusión de ideas.

No hay duda de que existe una interdependencia vital entre todos los elementos que en conjunto integran la biosfera de nuestro planeta. Ahora bien, hasta ahora se ha observado que la noción de “vida” involucra modificaciones constantes en el equilibrio de las comunidades bióticas, y que dentro de esa interacción natural se manifiesta también la actividad cultural. La especie humana supone la capacidad de conocer, razonar, reflexionar y transmitir las ideas e información que obtenemos de nuestra experiencia con el entorno natural y social en que se desarrolla nuestra existencia.

En este contexto la sostenibilidad o sustentabilidad se plantea como la capacidad de subsistencia o adaptación de una especie respecto de los recursos disponibles en su entorno. El desarrollo sostenible se configura como un paradigma humano de subsistencia, que obliga a redefinir los conceptos de bienestar social (riqueza y equidad) a partir de las posibilidades ecológicamente soportables y económicamente viables. La condición humana entraña un compromiso ético -individual y colectivo- para establecer formas de desarrollo perdurable o sostenible con el ambiente.

Para que realmente surta efecto el carácter imperativo de aquel compromiso ético con el ambiente, se requiere conocimiento, sensibilidad y conciencia generalizada sobre los múltiples factores que intervienen en la “problemática medioambiental”. Está claro que ninguna política colectiva de desarrollo sostenible resultará eficaz sin el compromiso individual de hacerla realidad; y puesto que como dice el refrán, muchos pocos hacen un mucho, cada persona que siente, piensa, quiere y obra con conocimiento de lo que hace, se constituye en un agente multiplicador en la conformación de la mentalidad colectiva.


En síntesis, que para lograr un desarrollo sostenible se requieren al menos dos condiciones: la transparencia en las políticas públicas ambientales; y una multiplicidad de espacios para el diálogo interdisciplinario, que estimulen la construcción de una ciudadanía informada e involucrada en la búsqueda de soluciones análogas. Por otra parte es necesario que cada persona asuma el compromiso de generar criterios razonables, adoptar actitudes empáticas para el diálogo reflexivo, y sobre todo practicar nuevas formas de liderazgo.

No hay duda de que la actividad humana siempre impacta el entorno. No obstante, una condición inherente para el desarrollo sostenible es que los elementos axiológicos culturales estimulados por cada sistema político, socioeconómico y normativo, sean compatibles con las leyes de regeneración y capacidad de carga del sistema natural que los circunscribe. Por consiguiente, solo será posible lograr un equilibrio entre actividades humanas y naturaleza, si actuamos sobre una base precautoria y preventiva, procurando desarrollar un orden social local y global coherente a partir de la observación y la contribución de una epistemología interdisciplinaria.


Finalmente, estimado Orlando, estoy segura que el mayor cambio hacia este nuevo paradigma puede ser generado por la dinámica productor-consumidor, en la que la modificación paulatina puede ser propiciada -creo yo con mucha eficacia- desde la Responsabilidad Corporativa de la Empresa, y fundamentalmente desde la actividad consciente de consumo, para lo que las redes sociales son fundamentales en la difusión y desarrollo de esa conciencia.

Aunque el espacio es limitado espero haber satisfecho su inquietud en este sentido, e igualmente me encantaría conocer su opinión al respecto.

CORALIA CHAMORRO CALVO